Cristina Gutiérrez: «La gente no daba un duro por mí al principio»

Saluda como siempre, sonríe como siempre, en su camiseta lucen importantes patrocinadores, también como siempre… pero Cristina Gutiérrez no llega al Dakar 2019 como en sus anteriores participaciones: estrena un prototipo fabricado por Sodicars, un importante preparador francés, que por fuera luce como Mitsubishi Eclipse Cross y por dentro es un todoterreno de competición que permite a la burgalesa, de 27 años, aspirar a mucho más en esta carrera que ya ha terminado dos veces.

«Un prototipo, sólo con esa palabra podemos imaginar que todo lo que va dentro está lleno de innovaciones. Chasis multitubular, un motor de 300 CV, cambio secuencial, gatos hidráulicos, mejoras en el freno… es una pasada, un 4×4 que me permitirá acabar en una mejor posición. Porque el Dakar es mucho Dakar, pero con este coche, si todo va bien y tenemos suerte, me encantaría terminar entre los 25 primeros», explica Cristina en su tradicional visita a As antes de viajar al raid.

Hasta ahora había pilotado coches derivados de serie, de los que confiesa haber «aprendido mucho», pero que limitaban sus posibilidades. En el último Dakar, por ejemplo, no conoció los campamentos de Argentina porque llegaba siempre de noche: «Después de tres días sin dormir, ves un árbol y crees que es una persona. Celebraba cuanto tenía una hora de descanso y hablaba en sueños a mi copiloto. Entras en una dinámica muy complicada». Situaciones para las que no es tan fácil prepararse antes de conocer el Dakar: «Al principio la gente no daba un duro por mí, y a veces incluso yo me preguntaba dónde me estaba metiendo. Sabía lo cabezota que era, pero no sabía a qué me enfrentaba… me esperaba una locura, pero hasta que no lo vives no sabes a qué limites expones tu cuerpo, te transformas».

Esta vez cambia también de copiloto, aunque por exigencias del guion: Gabi Moiset sufrió un accidente en junio y no estaba totalmente recuperado: «Me lo llevo como jefe de equipo, que sigue siendo una buena opción, y de copiloto viene un amigo de toda la vida y gran mecánico, Pablo Moreno Huete». Para el futuro, no obstante, confiesa que le gustaría hacer un Dakar junto a la copiloto Mónica Plaza, con quien ya ha corrido en pruebas nacionales: «Las dos todavía somos jóvenes para hacerlo juntas, pero cuando estemos más preparadas claro que querría hacerlo con ella».

Aunque sigue compaginando las carreras con su trabajo como ortodoncista, la mejora mecánica de 2019 es consecuencia de una mejora presupuestaria gracias a sus patrocinadores, que son cada vez más exigentes: «Al principio cuesta que te consideren, pero ahora saben que hay un bagaje detrás. Y me considero más afortunada que muchos hombres que tienen más problemas para encontrar apoyos». Donde nunca le falta apoyo es en su familia, que vivirá, un año más, su Dakar particular: «Se cogen vacaciones para ir a verme a Perú, aunque claro, van por fuera del recorrido y viven otro Dakar que también es muy duro, son muchos kilómetros. Tal como son, igual me los encuentro subidos en la duna más complicada para verme».

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