Verstappen noquea al campeón en una carrera memorable

Y por fin, en igualdad de condiciones, con dos coches parejos y sobre un asfalto de leyenda, Max Verstappen tumbó al campeón del mundo. Dos veces. Primero en el intercambio de golpes directo, la salida, cuando partiendo tercero se plantó en paralelo con Lewis Hamilton y le encajonó en el interior de Tamburello. El inglés acabó en los pianos, ironías de los límites de la pista, dañó su alerón y tuvo que agachar la cabeza. Y después, en plena persecución, cuando el Red Bull se marchaba cómodo de un tren de doblados y el Mercedes acababa en la grava, perdía los papeles. Sí, luego Hamilton remontó hasta la segunda posición porque es un genio en esta parrilla, y porque tiene un gran monoplaza. Pero este domingo los pilotos marcaron la diferencia en Ímola y ganó otro que fue mejor. Es el año del león en la Fórmula 1.

La lluvia hizo acto de presencia en la Emilia Romaña una hora antes de que comenzase la carrera y mandó al traste las estrategias de los ingenieros. Se arrancó bajo un telón de agua, con neumáticos intermedios, duranten unas primeras vueltas frenéticas que asentaron el liderazgo de Verstappen, seguido de cerca por Lewis, y nadie más. Varios pilotos perdieron comba, otros se enchufaron cuando olieron la sangre: Leclerc alzanzó pronto los puestos de podio y Sainz inició su remontada situándose octavo (había salido undécimo), aunque dos excursiones por la grava le alejaron demasiado de los dos McLaren. Norris se recuperó rápido de una mala salida. Los tres pescarían más tarde en río revuelto.

Superada la veintena de vueltas, llegaron las apuestas por las gomas de seco en un carrusel de paradas que no alteró las posiciones, pero sí calentó a Hamilton detrás de una fila de doblados. Así se produjo su salida de pista, quedó encallado en la puzolana de la curva Tossa mientras se escapaba el aspirante. Y sin tiempo para digerir el sobresalto en el garaje, el otro Mercedes casi se desintegra en la recta de meta por culpa un peligrosísimo choque entre Russell y Bottas que forzó la bandera roja. Quién iba a decir que a la postre eso salvaría a Lewis, se reagrupó el pelotón.

Norris ganó a Ferrari

A la resalida lanzada (vuelta 36) llegaron Verstappen, Leclerc, Norris, Checo y un sólido Sainz con la presión lejana de Hamilton, noveno. La remontada del Sir fue espectacular, pero adelantó a todos menos uno. El segundo puesto en meta, a 22 segundos de Verstappen, puede entenderse como uno de los podios más amargos de su excelente palmarés. Pérez se borró cuando perdió el control del Red Bull y el McLaren ganó la partida a los dos Ferrari a pesar de tener peores neumáticos. Lando pasó a Leclerc y se defendió de todo, menos de Hamilton. Inmenso tercero.

El cuarto y quinto de Leclerc y Sainz, respectivamente, con los Ferrari sabe a poco porque el champán estuvo cerca. Quizás le siente peor al monegasco, que acabó como empezó, mientras el madrileño remontó seis puestos. Ricciardo llegó a medio minuto de este grupo que no es zona media, ya es una zona noble. Tras él, Stroll, Gasly, Raikkonen y Ocon completaron unos puntos a los que no llegó Alonso, undécimo, sin ritmo ni oportunidades durante todo el fin de semana. El domingo de Ímola pasará a la historia como una de las mejores carreras de la F1 moderna, quizás como el cambio de ciclo. Aunque para el próximo podio con acento español habrá que sentarse y esperar a otro gran premio loco, como lo fue el de Emilia Romaña.

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